Carta de un socio de Ashemadrid: Asamblea de Córdoba
Tiempos jóvenes:
A mis veinte años ya hacía varios que no iba a una asamblea de la federación, desde que se celebró en Murcia y debo reconocer que siento que me he perdido muchas cosas buenas, pero se aprende errando y creo que a partir de ahora seré un incondicional de las asambleas.
Visitas, historias, acentos, comidas, amigos, fiestas y mucho sueño por la mañana cuando desayunas antes de irte a la cama, después de volver de "por ahí"…
Lo que desde luego no esperaba encontrarme es lo que ocurrió entre bastidores y sobre todo el domingo en la asamblea. Teníamos que votar el cambio de estatutos, norma básica de la federación y, antes de las votaciones, el presidente en funciones, haciendo gala de un despotismo y de una mala educación que nunca antes había visto, gritaba a pleno pulmón, ayudado además de un micrófono, para que no tomaran la palabra otros miembros de la federación que querían hablar sobre ciertos puntos. Censuraba así sus opiniones lo que, en una votación cuya diferencia final fue de algo más de cien votos sobre casi 800, no parece lo más adecuado. Gritos como los que, según me enteré, recibían el viernes en la junta directiva los miembros de mi asociación por parte del nuevo presidente (antes de serlo) y por los que se vio obligado a pedir perdón, eso sí, en privado. Gritos que espero que nunca se repitan y que debieran haber hecho pensar en que algo ha pasado si ésta es la primera vez que algo no se aprueba por aclamación general y que se grita a los socios.
La generación que llevó a cabo la transición, un ejemplo para el mundo, debería seguir teniendo cuidado cuando se trata de respetar los puntos de vista de los demás. Los comportamientos que he visto en la asamblea chocan especialmente en gente que conoció un tiempo en el que había que callar porque no se podía decir en libertad lo que se pensaba.
La función del presidente no es mandar callar a la gente a grito pelado. Me ha parecido vergonzoso, pero no sólo a mí. Todos los jóvenes que tenía alrededor miraban sorprendidos por lo que ocurría, sin entender a qué venía todo aquello. Sin entender por qué alguien no puede expresar las dudas que tiene sobre un punto antes de votarlo (especialmente a la vista de que fue una votación ajustada), sin entender por qué les gritaban.
Hablo por mí, pero creo que en esto los jóvenes opinamos igual: tengo fe en que esto va a cambiar. En la nueva junta elegida tengo buenos amigos y antiguos monitores de La Charca que me han visto crecer, que con el tiempo se han convertido en amigos y cuya media de edad es muy cercana a la mía. Una junta que se levanta sobre las premisas de la claridad y la transparencia y que promete dedicarse a luchar por los derechos de los hemofílicos. De esto, no lo olvidemos, es de lo que se trata.
Deseo y espero, y conmigo muchos, que no se repita el lamentable espectáculo que hemos podido ver, que las cosas se hagan bien y todos puedan hablar, que se cumplan las intenciones y objetivos que expresó el nuevo presidente justo antes de ser votado, que nunca más nadie mande callar a nadie a gritos, que sólo nos enfademos porque ha perdido nuestro equipo y que todo esto haya servido para aprender y mejorar. Que no sea yo el único que aprende equivocándose.
Con todo mi respeto y mi cariño para este mundo de la hemofilia, en el cual he crecido, y mi deseo de que al volver a Galicia, esta vez ya no al albergue, encontrarlo más fuerte y más libre que nunca.
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